• Solidaridad favorece con judo la integración socioeducativa en el barrio valenciano de Ruzafa

    El Programa trianual “Deporte: Escuela de Vida”, que finaliza este curso, generará un espacio de socialización. Esta experiencia piloto, promovida por la Conselleria de Solidaridad y Ciudadanía, que nace de la colaboración entre FUNDAR y el Club Deportivo Judokan, beneficia actualmente a 60 alumnos de la Escuela de Artesanos y del Colegio Balmes, ambos del barrio valenciano de Ruzafa.

     

    La Conselleria de Solidaridad y Ciudadanía, a través de FUNDAR, y el club deportivo Judokan firman un convenio para desarrollar la fase final de validación y contrastación de la metodología de intervención del Programa Experimental de Integración Socioeducativa a través del Judo, denominado “Deporte: Escuela de Vida”, que se inició el curso escolar 2008/2009 con un grupo de 30 preadolescentes (6º de Primaria) y adolescentes (1º de E.S.O.), de composición multicultural, que estudiaban en colegios o institutos del barrio de Ruzafa en Valencia.
    Actualmente son sesenta jóvenes, de entre 5º de Primaria y 2º de Secundaria los que participan en el programa, a través de tres grupos, procedentes de la Escuela de Artesanos y del Colegio Balmes, ambos radicados en el barrio de Ruzafa.
    El objetivo del proyecto, enmarcado en la campaña de educación en valores “Solidaridad en el Aula”, promovida por la Conselleria, a través de FUNDAR, es “impulsar una iniciativa extracurricular, de carácter experimental, para generar nuevos espacios de socialización no formales para el refuerzo educativo en valores, la adquisición de hábitos y actitudes cívicas, la prevención de la violencia en las aulas y la integración del alumnado de origen inmigrante”, expone el conseller de Solidaridad y Ciudadanía y presidente de FUNDAR, Rafael Blasco. “Esta investigación exploratoria”, continúa el conseller, “también permitirá, tras tres años de trabajo, determinar la incidencia de la práctica regular de judo en los procesos de integración socioeducativa”.
    Diversos estudios avalan que el judo, el segundo deporte más practicado en el mundo, por detrás del fútbol, puede contribuir al proceso de socialización y colaborar en la de formación de grupos integrados alrededor de la actividad físico-deportiva  y la comunicación corporal.
    Las relaciones de oposición y lucha son frecuentes entre los jóvenes. El judo, que permite una atención diferenciada a las capacidades físicas y psicológicas de sus practicantes, como juego de lucha y deporte de contacto, ofrece un ambiente reglado, para salvaguardar la integridad física, y seguro, aportando, además, unos conocimientos conceptuales, procedimentales y actitudinales.

    Otras experiencias de integración a través del judo
    Aunque no son habituales en nuestro país, si existen en otros lugares programas centrados en la práctica del judo para ayudar a resolver conflictos sociales y promover procesos de integración y socialización en y a través del deporte.
    Francia es pionera en este campo, su Agencia para la Educación por el Deporte (APELS) trabaja desde hace más de diez años, con el fin de ayudar a las personas, contribuyendo a su educación y a su inserción social y profesional, a través de actividades físicas y deportivas.
    Entre ellas, el proyecto “Judo pour tous”, que ha permitido su práctica gratuita a 250 niños/as de entre 7 y 13 años, de ambientes sociales desfavorecidos; “Cent Ceintures noires, cent emplois”, lanzado por la Liga de Judo de Franche-Compte, que favoreció el estudio y la práctica de judo a 42 jóvenes de entre 11 y 16 años, procedentes de barrios “sensibles” o de medios “difíciles”; o el programa “Le Rendez-vous du C.I.V.I.C”, en Savigny-le-Temple, que utilizó el judo de manera impuesta por las instancias judiciales a una docena de jóvenes de entre 13 y 18 años que habían cometido un delito por primera vez. El 87% de los participantes en el proyecto no volvió a delinquir.
    Otro ejemplo lo encontramos en Uruguay: El “Proyecto Tatami”, nacido en 2005, ofrece a 30 niños y niñas, de entre 8 y 12 años, de contexto crítico en vulnerabilidad social, un apoyo educativo, de contención, integración e inserción social.
    En la Comunitat Valenciana, el proyecto científico “Isabel Fernández” para la integración de niños autistas, empezó a funcionar en 2001 en Alicante, promovido por la popular campeona olímpica. Y, en Valencia, el programa “Tatami Terapia”, en el que participa la Facultad de Psicología, utiliza el judo en niños con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad).

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